Paracaidas


Estoy subido en esta avioneta de doble hélice que sobrevuela a 3.500 metros de altitud el desierto del Sahara.

Me encuentro sentado en uno de los laterales . Junto a mi dos personas mas que como yo tienen adosado a la espalda un paracaídas.

Es mi primer salto. Me he adiestrado durante dos semanas. Me han enseñado todo lo que tengo que saber para hacer mi primer salto. A que altura tengo que desplegar el paracaídas, como tengo que aterrizar… pero estoy muy nervioso.

El sonido de la avioneta se me mete en la cabeza como el zumbido de una avispa acechadora. Se que falta poco para que el instructor habrá la puerta y nos de salida al vació.

El ruido de los motores hace imposible que podamos hablar entre nosotros, no podemos oírnos, solo nos hacemos señales con las manos.

Me indican que yo seré el ultimo en saltar, pues el monitor me ha señalado y me ha mostrado tres dedos de su mano.

Que nervios.

El avión sigue ascendiendo un poco más, creo que estamos a punto de saltar.

Si, se abre la puerta.

Puedo ver el cielo azul de este día tan despejado y tranquilo. El termómetro marca 26 grados centígrados. Viento de 2 km/h del noroeste.

Me pongo en pie.

Salta el primer compañero. Ha desaparecido del avión, en este momento se encuentra cayendo al vacío.

El segundo hace lo propio.

Y el instructor me señala para que avance hasta la compuerta abierta.

Me paro un instante nada mas en el mismo borde de la puerta, miro hacia abajo, veo el inmenso desierto debajo de mi, colores amarillentos, anaranjados.

El instructor apoya su mano contra mi espalda en señal de que debo lanzarme ahora. Cierro los ojos y salto, caigo y caigo…

El sonido de los motores de hélice de la avioneta ha sido sustituido por el ruido ensordecedor del aire pasando por mis oídos.

Por fin logro abrir los ojos, miro hacia arriba y veo a la avioneta pequeña y lejana. Sigo descendiendo a velocidad vertiginosa, intento moverme como me han enseñado, con cuidado para no perder el control de mi cuerpo.

El desierto cada vez más cerca, el amarillo de ese mar de arena cada vez se aproxima mas y mas, ya falta poco para que despliegue mi paracaídas.

Han pasado tan solo seis o siete segundos desde que me lancé desde la avioneta y parece que ha pasado una eternidad. El tiempo y el espacio parecen haberse echo elasticos.

La adrenalina, el vértigo la velocidad… sigo descendiendo.

Debo lanzar ya el paracaídas. Una parte de mi quiere apurar un poco mas este momento, caer y caer, aportan unos gramos de placer indescriptibles a sabiendas de que no me voy a estampar contra el desierto.

Dirijo mi mano hasta la anilla. Creo que han pasado 20 segundos desde que salté del avión. Y parece que llevo bajando media hora.

Tiro de la anilla con todas mis fuerzas. Se abre la mochila que llevo a la espalda y entonces siento un fuerte tirón desde mis hombros que frena mi caída casi en seco, incluso parece que subo en vez de bajar.

Es un momento de incertidumbre. Mis sentidos intentan adaptarse al drástico cambio de velocidad.

Ahora todo es silencio. Planéo con el paracaídas tirando de las cuerdas tal y como me han enseñado. Doy vueltas sobre mi mismo mientras desciendo lentamente o lo que ahora parece lentamente comparado con la caída inicial.

El desierto tiene una belleza singular y visto desde el aire se hace impresionante ver esa inmensa extensión interminable de arena.

Bien, me faltan pocos segundos para tocar tierra (y nunca mejor dicho). Me aproximo rápidamente a la superficie.

Tiro de los controles todo lo atrás que puedo e inclino mi cuerpo también para atrás ,

Tres, dos uno.

Aterrizo como si fuese un pájaro que vuela por primera vez, y me caigo al suelo de cara, ruedo un par de veces mientras el paracaídas aterriza también a su modo, sin orden, sin cuidado.

Nada no me he hecho daño.

Siento calor, el calor del desierto. Miro hacia arriba y veo a la avioneta lejos muy lejos y me parece mentira que hasta hace poco más de un minuto yo estuviese alli, asomado al abismo y a punto de saltar.

Me siento en la arena, me desató de la espalda el paracaídas. Descanso mientras la adrenalina baja, mientras mi pulso se vuelve normal, mientras asimilo la experiencia del salto.

Impresionante sin más.

Santi Ramirez

Enero 2011

La Ballena y el Delfín


Cuentan que en el medio del Océano, allí donde el ser humano nunca había llegado, nació una ballena.

Era de color blanco con unos ojos muy oscuros. Nadaba siempre junto a su madre y su padre.

Un día la manada con la que convivían, decidió viajar hacia aguas más calidas y emprendieron el viaje.

Pasados dos días de travesía por los mares, la manada de ballenas se encontró con una manada de defines que viajaban hacía el sur.

Durante toda una tarde estuvieron hablando e intercambiando impresiones sobre los mares del Norte y los del Sur.

La ballena recién nacida conoció a un pequeño delfín de su misma edad y de momento se hicieron amigos.

Fue en el instante de partir ambas delegaciones de ballenas y delfines, cuando se produjo una gran confusión y la pequeña ballena sin darse cuenta se fue con los delfines rumbo a los mares del sur.

La pequeña ballena a los pocos días echaba de menos a sus padres

- Amigo delfín, ¿Dónde están mis padres?

- No lo se ballenita, creo que han ido a los mares del Norte, pero no te preocupes, yo te cuidare.

La ballena y el delfín crecieron juntos, aprendieron muchas cosas, vivieron muchas emociones bajo el mar, huyendo de los tiburones, asustando a los pulpos y mil travesuras.

La manada de los delfines había adoptado a la ballena como si de uno de ellos se tratara. Y la ballena, se comportaba como un delfín más.

Pasaron los años y entre la ballena y el delfín nació un gran amor, eran inseparables, aunque distintos, estaban hechos el uno para el otro.

Tuvieron un hijo.

Dicen que se trataba de un ser mitológico y hermoso como nadie pueda imaginar. Mitad Delfín y mitad ballena.

Aun navega por los mares, siendo la muestra viva de un amor imposible.

La leyenda nos cuenta que solo aquellos que estén enamorados de verdad y surquen el inmenso océano, podrán ver al hijo de la Ballena y el Delfín.

Santi Ramirez

Enero 2011-01-11

La crisis de los Ñarati


Había una vez, en un lugar muy profundo del África más profunda, una tribu muy primitiva .

Eran los Ñarati, su población no superaban las 500 personas. Eran felices, Vivian de lo que cazaban, vestían lo que querían y habitaban en chozas de madera y adobe que les resguardaba del sol durante el día y les mantenía frescos por la noche.

Los Ñarati eran muy organizados y trabajadores, cada uno mantenía una ocupación desde pequeños hasta la edad adulta. Unos se encargaban de cazar para dar sustento a sus familias, otros se organizaban para fabricar las armas de caza, otros eran los encargados de reparar las chozas que estaban en mal estado, las mujeres generalmente se ocupaban de fabricar la ropa que vestían, se trataba de ropa ligera, pues en aquella zona de África hacía siempre mucho calor.

Cada Ñarati se encargaba de una cuestión en general y todos vivían mas o menos felices y contentos, con problemas cotidianos, pero sin más gravedad. Estaban en Paz y nunca se enfrentaban con ninguna otra tribu.

En las aldeas de los Narati, también había médicos, curanderos y un Ñurende por cada población. El Ñurende era el que se encargaba de informar de las cosas que ocurrían en las aldeas vecinas y en los territorios mas lejanos detrás de las montañas donde habitaban otras tribus distintas..

Ellos informaban a viva voz en el medio de las aldeas y los pobladores se reunían a su alrededor con mucho interés para escuchar las noticias de los vecinos de al lado o de las tierras más lejanas de las cuales siempre estaban curiosos por conocer.

Pero, después de muchos años de gran protagonismo para los Ñurende, los aldeanos dejaron de prestarles atención cuando venían a informar, cada vez iban menos y menos habitantes a escucharles, hasta que dejaron de asistir a las escuchas informativas y los Ñurende se vieron abocados a la soledad.

Se convocó una reunión de urgencia entre todos los Ñurende. Se trataba de un número reducido de estos, ya que la escasa audiencia había obligado a algunos de ellos a cambiar de ocupación.

Ya quedaron atrás los tiempos en que los aldeanos premiaban a los Ñurende una vez finalizado el tiempo de noticias, con presentes y comida, ahora estaban en pleno declive.

Se celebró la tan esperada reunión y de ella salieron distintos acuerdos que se podrían en marcha de inmediato para poder recobrar la fama de la que antaño tanto disfrutaron.

Al día siguiente el primer Ñurende se presentó en la primera aldea Ñarati y a viva voz en medio de la plaza del pueblo comenzó a relatar sus noticias.

- ¡Queridos Ñarati! , el mal se viene sobre nosotros, una gran enfermedad ha infectado a los animales que cazáis, y si los coméis , a buen seguro que vais a morir de inmediato –

Los Ñarati, fueron corriendo a escuchar al pregonero que tan malas noticias estaba dando, toda la aldea escuchaba con atención aquellas noticias tan dramáticas.

Aquellos informadores habían logrado atraer de nuevo la atención de los pobladores, si, a costa de inventarse noticias, pero había atraído a esa gente y de igual manera sus favores y presentes. Descubrieron una nueva vía de atracción.

La gente hablaba y hablaba sobre la noticia que acababan de escuchar. Los Ñarati no salían al campo a cazar, tampoco abandonaban la aldea por si se encontraban con algún animal y este les contagiase la grave enfermedad de la cual todo el mundo hablaba.

Solo comían frutos de sus huertas. La gente empezó a sentirse triste pues no podían salir de sus poblaciones y perdieron la vitalidad de la que antaño disfrutaban.

La crisis de la caza como la llamaron, dejó a muchos cazadores sin oficio y sin saber que hacer, pues solo habían realizado aquel trabajo durante toda su vida y ahora no tenían ocupación.

A los pocos días se escuchó de nuevo la voz de los informadores en las aldeas. Los habitantes esperaban con ansia a los informadores, por ver si había pasado la enfermedad y se encontraban de nuevo con buenas noticias.

- Habitantes Ñarati, tengo que deciros que la enfermedad de los animales ha sido traspasada a los frutos y hortalizas que coméis, así pues se recomienda a toda la población que nadie coma nada de las huertas.

Los pregoneros Ñurende ahora disfrutaban de la fama, vivían en la nube gracias a toda la audiencia en pleno de la población Ñarati, una audiencia que estaban ganando a costa de las mentiras que se inventaban y que tanto daño estaban produciendo a la población.

Los Ñarati, no comian carne, pues no podían cazar a causa de la crisis de la caza y ahora tampoco podían comer frutos ni hortalizas por motivo de la crisis de las huertas, solo se alimentaban de pan y agua.

Cada vez más delgados y alicaídos, los Ñarati habían caído en desgracia, todos los que antaño cazaban, o trabajaban en huertas, ahora vagaban por las calles de las aldeas sin saber que hacer. Los Ñarati estaban en crisis.

Los voceros, los que propagaban las falsas noticias, estaban muy contentos, pues ahora vivían en la abundancia gracias a la gran audiencia de la que disfrutaban y tenían al pueblo expectantes de noticias, por ver si la situación mejoraba.

- Habitantes Ñarati, no salgáis de vuestras casas, el mal esta en el aire, la enfermedad se contagia en todas partes, no salgáis, no salgáis.

Todos los habitantes se recluyeron en casa, pues el miedo a contagiarse de aquella enfermedad y morir, le había hecho quedarse en el interior de sus hogares.

Era el fin.

Tuvieron que pasar miles de años para que unos exploradores hallaran los restos de una pequeña civilización en el centro de Africa.

Aquella civilización parecía estar en cierta medida avanzada, tenían herramientas, lanzas, armas, vasijas, y dibujos, y se extinguieron de repente.

Se podría decir, que los Ñarati murieron de miedo, de sus propios miedos inventados.

Santi Ramirez

Enero 2011-01-08

La condena injusta


A los 34 años Stefan tenia toda la vida por delante, ilusiones y una carrera prometedora como ingeniero naval, pues se encontraba cursando los estudios para tal oficio.

Una tarde mientras caminaba en dirección a su casa, un coche de policía se detuvo a su lado, al tiempo que dos agentes se bajaban del vehículo y llamaban la atención de Stefan pronunciando su nombre.

- Nos tiene que acompañar.

Stefan, desconcertado y sin recibir respuesta subió al coche patrulla.

Fue acusado y condenado por el asesinato de una mujer. El Juez dijo 40 años. Una mujer que murió a manos de otra persona, de otra persona que se asemejaba mucho a Stefan…

Al no tener familia, nadie pudo ayudarle ni moral ni económicamente, se encontraba solo y a su suerte.

El primer año en la cárcel fue el peor.

La integración era muy difícil. Hay que tener en cuenta que se encontraba junto a gente muy peligrosa, asesinos, violadores, estafadores, delincuentes reincidentes, traficantes de droga y todo aquel despojo que la sociedad apartaba al interior de esos muros y Stefan era una pieza que no encajaba allí.

El segundo y tercer año fueron algo mejores. Comenzó a hacer amistades y continuó estudiando su carrera como ingeniero, la cual terminó y posteriormente dedicó su tiempo a escribir sus vivencias en la cárcel.

Pasados los primeros 20 años en prisión, se había perdido por completo la esperanza de un juicio justo y de una pronta salida a la libertad. Así pues, a Stefan no le quedó otra que asumir el cumplimiento integro de la condena, de la cual aun restaban 20 años más.

Fue confeccionando unos prometedores planes de futuro para cuando saliese de la carcel. Se imaginaba como sería su vida alli fuera, conocería una mujer, se casaría y seguramente tendría varios hijos .

Pero todo eran sueños y fabulaciones, ¿Quién querría casarse con un viejo de 64 años? Se preguntaba Stefan. Aunque, no se sabe, para el amor no existe la edad.

Al cumplir los 30 años de condena, se dio cuenta de que casí había pasado más tiempo allí dentro que fuera de la carcel. Sus compañeros se habían convertido en su familia y muchos de ellos eran sus confesores sin los cuales no habría podido resistir todos esos años.

El tiempo pasó.

Y el esperado día llegó.

- Stefan, prepara todas tus cosas – Dijo el guardia de turno – Ya tienen lista la documentación y en una hora podrás salir.

Con su mochila al hombro, Stefan, con 64 años cruzó aquella puerta, después de haber pasado media vida allí dentro.

De repente se giró sobre sus pasos y miro la fachada de la cárcel, y rompió a llorar.

Stefan lloraba, pero lloraba de pena, pues allí dentro había dejado amigos, habia dejado malos y buenos momentos, pero sobre todo había dejado una vida.

Ahora se enfrentaba a otra cárcel en la que no sabía desenvolverse, la soledad.

Santi Ramirez

Enero 2011

Las Historias de Pitu Cap.4


Pitu tiene una ilusión muy grande. Le gustaría poder patinar. Y para hacerlo necesita unos patines.

- Mama, por favor, quiero unos patines.

- Muy bien Pitu, veremos que se puede hacer para cuando llegue tu cumpleaños.

Pitu pone cara de disgusto

- Mama, es que falta mucho para mi cumple, por favor

Lo siento Pitu, pero ahora mismo no tienes suficiente dinero ahorrado como para comprarte unos patines, tendrás que esperar.

Pitu se sienta en el suelo muy enfadado y a punto de llorar.

Esta bien, Pitu, se me ocurre una idea, podríamos hacer un mercadillo con todos los juguetes que ya no usas, y así con el dinero que saques te puede comprar unos patines.

- ¡Si! – Pitu salta de alegría, parece haber encontrado la solución.

Pitu y su mama, se dirigen al parque del barrio con una gran caja de juguetes que llevan entre los dos.

En el parque hay muchos niños con sus madres y Pitu empieza a enseñar todos sus juguetes que enseguida pone a la venta.

Mientras la mama de Pitu habla con otras madres, Pitu se encuentra sumergido en grandes negociaciones con otros niños para que le compren sus juguetes.

Después de un buen rato, Pitu regresa con la caja de los juguetes vacia y con cara de alegría.

- ¿Qué tal Pitu? – le pregunta su madre – Veo que has vendido todos tus juguetes viejos. Que bien, podrás comprarte tus patines.

- No , mama,

La madre de Pitu lo mira extrañada.

- ¿Cómo que no?, pero si tienes la caja vacía

- Ya, pero es que como todos estos niños son mis amigos, les he regalado a cada uno un juguete, me ha hecho mucha ilusión, aunque no me pueda comprar los patines, pero estoy contento.

- Hay Pitu, eres un chico muy bueno, vamos para casa.

Al día siguiente, después de comer, alguien llamó al timbre y Pitu salió disparado a contestar.

- ¡Mama, mama!, son mis amigos, quieren que baje con ellos.

- Esta bien Pitu, te acompaño.

Cuando Pitu y su madre salieron a la calle, encontraran a todos sus amigos esperando. Uno de ellos le entregó un regalo a Pitu.

- Anda, Pitu, ábrelo – Le dijo su madre.

Pitu impaciente rompió todo el papel de regalo y su cara se torno en felicidad cuando descubrió que tenía lo que tanto había soñado, unos patines.

- Muchas gracias amigos, muchas gracias.

- Lo ves Pitu, los sueños siempre se cumplen, solo hay que tener un poco de paciencia.

Las Historias de Pitu Capitulo 3


A Pitu no le gusta madrugar. Cuando su madre le llama para ir al colegio, el se mete bajo las sabanas y se hace un lío con la almohada deseando que hoy sea Domingo para no ir a la escuela.

- Vamos Pitu, o llegarás tarde.

Pitu se mete mas adentro de la cama todavía y como si fuese un pequeño osito de peluche se hace un ovillo y espera que pase el tiempo para seguir allí.

- Pitu, tienes que levantarte, todos tus amigos te esperan en el colegio y tu profesora te va a echar de menos si no vas a clase.

Pitu aparece con todo el pelo revuelto y con los ojos cerrados empieza a vestirse, lentamente, poco a poco y sin mucho animo.

- Vamos Pitu, tienes que vestirte que se nos está haciendo tarde y no vamos a llegar

- Jo mama, es que no quiero ir al colegio, hace tanto frio, y tengo tanto sueño…

Pitu se pone la ropa con mucho esfuerzo.

- Vamos Pitu, a desayunar, venga que ya es muy tarde y no vamos a llegar al colegio

- Jo mama, es que no quiero desayunar, no tengo hambre.

Pitu observa el vaso de leche sobre la mesa, con pocas ganas de beberselo. Come una galleta con los ojos cerrados. ¡Que duro es madrugar!

- Venga Pitu , ponte la chaqueta que nos vamos a la escuela.

Pitu y su madre se acercan al colegio, donde como cada día padres y madres entregan a sus hijos para que pasen otro día aprendiendo y jugando en el colegio.

- Ten cuidado Pitu, ¡no corras!

- ¡Adios mama!

Pitu sale disparado cruzando la puerta del colegio a toda velocidad, parece que al fin ha despertado de su sueño.

- ¡Pitu! , te olvidas de algo.

Pitu mira para atrás y vuelve presuroso sobre sus pasos.

- Te quiero mama.

Pitu le da un abrazo fuerte a su madre, y sale corriendo de nuevo al interior del colegio.

Las Historias de Pitu. Capitulo 2.


Hoy a Pitu se le ha caído otro diente.

- Vaya Pitu, cada vez te quedan menos dientes, pero no te preocupes que pronto te saldrán otros nuevos.

Pitu , mira a su madre muy sonriente, y es que Pitu sabe lo que sucederá esta noche.

- Mama, ¿Qué me traerá el ratoncito Pérez.?

- No lo se Pitu, tendrás que poner tu diente como siempre debajo de la almohada y dormir profundamente y cuando despiertes lo sabrás.

Pitu pasó el resto del día ilusionado, pensando en el regalo que le dejaría el ratón. Deseaba con todas sus fuerzas que llegase la noche para echarse a dormir.

- Vamos Pitu, a la cama y no olvides poner tu diente para que el ratón pueda recogerlo y dejarte su obsequio.

Pitu, dejó bajo la almohada el diente de leche. Pero no podía dormir.

Pasaban las horas y Pitu no podía dejar de pensar en el regalo que le traería el ratón Pérez, ¿que podría ser?.

Nada, no había manera, Pitu por más que quería no dormía y si no dormía el Ratón no pasaría a recoger el diente y entregarle su regalo. ¡ vaya ¡.

Pitu no encontraba la solución. Casi eran ya las 6 de la mañana cuando de pronto se le ocurrió una genial idea.

- Me iré al sofá del salón a dormir, y así el Ratoncito Pérez no tendrá miedo y dejara bajo mi almohada el regalo y mañana cuando me despierte lo cogeré.

Pitu se quedo dormido en el sofá.

Cuando su madre fue a despertar a Pitu para ir al colegio, se llevo un tremendo susto al comprobar que no estaba en su cama.

Por fin lo encontró en el sofá del salón, plenamente dormido.

- Despierta Pitu, ¿Qué haces aquí?

- Nada mama, ¡vamos a ver que me ha traído el Ratoncito Pérez !

Fueron corriendo al dormitorio y Pitu levanto presuroso la almohada.

Pito comprobó que el diente no estaba allí y que en su lugar no había regalo alguno, solo un pequeño papel con algo escrito.

- Mama , mama, leelo, haber que pone. Dijo Pitu nervioso

- “Me llevo el diente, y como no te veo dormir no te dejo el regalo y mañana volveré a venir. Fdo. Ratoncito Pérez”

- Mama, es que pasé toda la noche pensando en el regalo, no me pude dormir y luego me fui al sofá y…

- Bueno Pitu, no te preocupes, esta noche me tienes que prometer que vas a dormir, en tu cama y no hacer trampas con el ratón de los dientes.

- Te lo prometo mama, te lo prometo…

Santi Ramirez

01/12/2010

La vaca viajera

Cuentan que había una vez en una granja a los pies de la montaña, una vaca que soñaba con viajar.

Aquella vaca solo hacía que dar leche dos veces al día y comer.

¿Por qué no salir de allí?. Se preguntó un día.

Y sin pensárselo dos veces, aquella misma tarde rompió con la cabeza la puerta de madera de la granja y tomó la primera carretera que encontró y se puso a caminar tranquilamente.

A las pocas horas de iniciada su andadura se encontró con un perro que le preguntó:

- ¿A dónde vas vaca lechera?

La vaca respondió:

- Voy a coger un barco de vapor, que me lleve a conocer sitios de muchos colores que tengan buena hierba de muchos sabores y allí me quedaré.

La vaca con sus mil ilusiones en la cabeza dejó atrás al perro y continuó su camino.

Al poco, un pajarito se posó en su cabeza, y este le preguntó:

- ¿A dónde vas vaca lechera?

- Voy a coger un avión, que me lleve a un país de cielo azul y verdes campos donde pueda pastar tranquilamente, y allí me quedaré.

La vaca continuo nuevamente su camino dejando atrás al pajarito, pensando profundamente en sus destinos mas soñados.

A las pocas horas, una cabra le salió al paso y le preguntó:

- ¿A dónde vas vaca lechera? Te veo cansada y demacrada.

- Voy en busca de mis ilusiones, me gustaría encontrar mundos mejores, pero… creo que me he perdido.

La vaca, siguió caminando, cansada, aburrida y casi arrepentida de su escapada, cuando de repente divisó a lo lejos algo que le era conocido.

Se trataba de un coche, no , de una camioneta de color blanco, ¡si!, era la camioneta de la granja, del mismo hogar que días atrás había abandonado.

El granjero paró el vehículo a su lado y le preguntó:

- ¿A dónde iras vaca lechera?

Y la vaca pensó:

- A un lugar donde me cuiden, me limpien y me ordeñen dos veces al día y entonces allí me quedaré.

Y la vaca se fue tan feliz con el granjero habiendo cumplido sus sueños.

Santi Ramirez

2/12/2010

Las Historias de Pitu. Capitulo 1.


Pitu es un niño de 5 años. A penas se le están empezando a caer los dientes y los nuevos se niegan a salir.

A Pitu le vienen mil preguntas a la cabeza. Cuando por ejemplo ve un pájaro volando a lo lejos.

- Mama, ¿Por qué los pájaros vuelan?

Cuando ve un perro correr por el césped.

- Mama, ¿Por qué los perros no hablan como nosotros?

Cuando ve pasar un camión enorme por la calle

- Mama, ¿Por qué las ruedas de ese camión son de color negro?

- Mama, Mama, ¿Por qué esto ? y ¿Por qué lo otro?

Pitu se encuentra en edad de explorar, descubrir y preguntar.

Su madre se da cuenta de que pitu está creciendo muy deprisa, pues casi todas las preguntas tienen respuesta.

- Mama, ¿Por qué la noche es oscura?

- Mama, ¿Por qué llueve?

- Mama, ¿Por qué el césped es de color verde?

Pitu, fue la primera palabra que dijo Sergio que es el verdadero nombre de Pitu.

- Di papa, di papa –

Y Sergio mirando risueño a su padre dijo

- ¡Pitu!

Padre y madre reían descontroladamente y Sergio comprobando aquella reacción repetía una y otra vez ¡Pitu!, ¡Pitu!, ¡Pitu!

Así que Sergio se quedó con el nombre cariñoso de Pitu.

- Mama, ¿Por qué el cielo es azul?

- Mama, ¿Por qué la luna es blanca?

- Mama, ¿Por qué sopla el aire?

- Mama, ¿Por qué me besas cada noche antes de irme a dormir?

- Por que te quiero Pitu, por que te quiero…


Santi Ramirez

30/11/2010

El espejo del ascensor


Todos los días igual. De arriba para abajo de abajo hacia arriba. ¡ que vida tan rutinaria era la de aquel espejo situado en la pared de aquel ascensor!

Durante muchos años había repetido la misma ruta junto a su inseparable elevador: del bajo al 1º, del 1º al bajo, del bajo al 8º, del 7º al 5º del 3º al 1º, incansablemente aquel espejo viajaba todos los días sin cesar y reflejaba casi siempre lo mismo: la vecina del 7ºC dándose los últimos retoques de maquillaje, el niño del 2ºA plantando todas sus manos sobre su limpia superficie cristalina, el gamberro del amigo del vecino del 5ºC escupiendo impunemente sobre todas sus partes reflejantes mientras reía de forma descontrolada, el vecino de 5ºC que subía otra vez llorando por que le había dejado su novia nuevamente, la vecina del 3ºB que bajaba en bata y con los rulos en la cabeza para pedirle sal a su vecina la del 1ºC aunque realmente lo que quería era cotillear un poco sobre ciertos vecinos, así un día y otro día, un mes y otro mes y así todos los años.

Todos, todos, todos se miraban siempre en aquel espejo de cuerpo entero situado en una de las paredes de aquel viejo ascensor. Aquel espejo era testigo de muchas cosas y de otras más que no podría contar y se guardaba para sí… y un día se hartó de reflejar.

Se cansó de que todos quisieran mirarse en el, y nadie valorase realmente lo que el valía, bueno, todos no , pues la señora de la limpieza lo trataba muy bien sacándole brillo todas las mañanas, pero el resto, no , el resto no le hacía ni caso y no se daban cuenta de lo importante que el era para ellos.

Así pues, un día decidió no reflejar, si, si, no reflejar a nada ni a nadie más, de tal manera que se fue poniendo cada día mas oscuro, mas oscuro hasta que al cabo de una semana estaba completamente negro.

Los vecinos se quejaban y hablaban muy extrañados sobre el asunto del ascensor y su cambiante espejo.

- ¿Qué le pasa al espejo? Decían unos

- ¿Por qué estará de color negro? Decían otros

- No me puedo ajustar la corbata -decía alguien

- Quería terminar de peinarme en el ascensor, pero el dicho espejo

Esta negro, ¡negro!

El espejo reía por dentro, y se dijo para sí:

- Ya esta, por fin valoráis mi presencia, por fin me tenéis en cuenta o os dais cuenta de lo que sirvo.

A los pocos días fue celebrada una reunión extraordinaria a propuesta de los vecinos a cargo del dichoso tema del espejo del ascensor que tan negro se había puesto.

- Entonces que da aprobada por unanimidad sustituir el viejo espejo por uno nuevo. Dijo el presidente de la comunidad.

El espejo, que tan atento estaba a lo que se decía en la reunión y ante aquellas palabras penso:

- No , ¡no! No puede ser, yo no quiero que me quiten de aquí y me destruyan, yo solo quería que me valorasen y supieran lo que valgo.

El espejo, poco a poco fue tornando a su color original, pero ya era tarde, pues justamente en el preciso momento en el que el espejo recobro su anterior y esplendoroso aspecto, llegaron los cristaleros con el nuevo sustituto.

- Bueno, vamos a quitar este viejo espejo y ponemos el nuevo… pero, si este espejo parece que esta bien y no lo pasa nada. – Dijo uno de los operarios a su compañero

- Tu tranquilo, nos han dicho que lo cambiemos y eso es lo que vamos a hacer.

El espejo gritaba por dentro, pero claro está, nadie podía oirle.

- Por favor, no me quiten de aquí – imploraba – llevo tantos años con mis queridos vecinos, que no quiero irme, ¡no por favor!.

De repente, bajó el niño del 2ºA por las escaleras, si , aquel que tantas veces le había plantado encima sus manos, y pudo ver como los cristaleros se disponían a cambiar el espejo del ascensor.

El niño se dio cuenta de que el espejo mágicamente había vuelto a su ser y ya no estaba de color negro. Corriendo fue a llamar a su madre para contarselo.

En un momento se juntaron varios vecinos para comprobar de primera mano aquel echo tan sorprendente.

- Es increíble, pero si ayer el espejo era completamente negro ¿Cómo puede ser? Dijo uno de los vecinos

- Es un milagro dijo la vecina del 4ºA

En ese momento apareció el presidente de la comunidad, el cual les dijo a los cristaleros que por el momento no quitaran aquel espejo, pues sin saber como se había arreglado.

Aquel espejo era de todos los vecinos, era querido por ellos, y se encontraba nuevamente en uso.

El espejo, agradecido de su suerte continuó felizmente anclado en aquel ascensor para arriba y para abajo, reflejando la vida de sus vecinos a diario.

Prometió no quejarse jamás, pues se dio cuenta de que aquellas personas aunque no lo dijeran, le querían y lo necesitaban, por eso lo valoraban como un vecino más.

Santi Ramirez

20/11/2010

El Camino

Había una vez un hombre muy pobre muy pobre, que no tenía casa, no tenía más ropa que la que llevaba puesta y casi no tenia que llevarse a la boca.

Un día, arto de la ciudad, decidió irse al campo, para ver si allí su suerte le acompañaba y conseguía algo de comer y un lugar donde poder cobijarse. Tomo la primera carretera que se encontró y después de andar durante un día entero llegó a un camino más pequeño y sin asfaltar.

Continuó hasta que sus piernas se quejaron y no le quedó más remedio que sentarse a la orilla de aquella senda.

Descanso al menos durante tres horas y permaneció en silencio durante otras tres y llegó a una conclusión: aquí me quedaré

A unos diez metros de la carretera, trazó un gran cuadrado y dijo, “aquí construiré mi casa” , dibujo las habitaciones, el salón , la cocina y el baño, hasta pensó en dibujar un garaje con un coche y todo, pero eso lo dejó para otro día.

Dibujó un huerto, dibujó un pozo para con su agua poder regar las frutas y hortalizas que plantaría en su fértil campo…

Pero todo esto no era más que imaginación. Ni siquiera tenía para comer ese día.. Que podía hacer.

De pronto recordó que alguien una vez en la ciudad le había regalado una hoja de papel en blanco y un lápiz y le dijo: “no te puedo dar dinero, pues yo también soy pobre, pero te daré un lápiz y una hoja, utilízalo bien, pues algún día te sacará de tu pobreza.”

Busco en su bolsa el papel y el bolígrafo y durante un largo rato pasó observando aquella hoja en blanco y no supo que hacer, y de repente cortó el papel por la mitad y dibujó algo, dibujó una zanahoria y unos tomates y encima de estos puso “Venta de tomates y zanahorias de huerta”. Se guardó la otra mitad del papel en uno de sus bolsillos por si otro día le hacia falta.

No sabía que es lo que iba a suceder después, ni que es lo que aquello le iba a deparar, salió al camino con el papel en la mano, lo levantó por encima de su cabeza y esperó a que pasara algún coche.

Al rato paso un vehículo y paró a la orilla del camino, muy cerca de nuestro amigo.

Entonces su imaginación se disparó, su hambre y necesidad hicieron el resto.

“Hola señor, buenos días, he visto su cartel ¿me vende UD. un kilo de tomates y otro de zanahorias?”

“O vaya, cuanto lo siento, acabo de vender los ultimo que me quedaban, pero como son los mejores de la zona, todos mis clientes me están haciendo pedidos para la semana que viene, si Ud. quiere le reservo un kilo de tomates y otro de zanahorias que incluso a lo mejor se los puedo tener para mañana directamente de mi huerto”.

“Si por favor, resérvemelos,… mejor se los dejo pagados y todo, así no me veré sin ellos, pasaré mañana por la tarde a recogerlos.

Aquel hombre pobre tenia en sus manos un dinero que no había visto junto desde hacia muuucho tiempo, pensó en comprar comida y almorzar de inmediato, pero… se dio cuenta de que había mentido a aquella persona, pues no solo no tenia tomates ni zanahorias, si no que no las tendría para el día siguiente tampoco.

Pero… de repente pensó que aquello podría cambiar, y se lanzó de momento al pueblo más cercano.

Allí encontró un mercado donde compró un kilo de zanahorias y un kilo de tomates, y le sobró dinero para comprarse unos cuantos tomates y zanahorias que saciarían el hambre que tanto le apretaba durante el medio día.

Volvió al camino, a su vivienda imaginaría, a su huerto dibujado y allí merendó sus tomates y zanahorias y dejo en una bolsa el pedido de aquella persona, pues no quería engañar a nadie y le entregaría lo que le habían comprado puntualmente… aunque no fuese de su huerto… pero… aquello podría cambiar.

De repente se dio cuenta de que le habían sobrado unas pepitas de los tomates que se acababa de comer y unas hojas de zanahoria. Se pudo manos a la obra.. Allí donde había dibujado su huerto, trabajó la tierra y planto las semillas de tomates y zanahorias.

A causa de tanto esfuerzo cayo desfallecido junto a su huerto y paso la noche durmiendo felizmente.

Cuando despertó no sabia si se encontraba en sueños todavía, pues a su lado, donde había imaginado un huerto, había enormes matas de tomates y plantaciones enteras de zanahorias.

No sabia que hacer, si llorar o saltar, e hizo ambas cosas en medio del camino, saltaba de alegría y lloraba de felicidad.

Así que se propuso vender todas aquellas zanahorias y tomates y enseguida salió al camino con su papel en el que ponía “Venta de tomates y zanahorias” y no pasó mucho tiempo hasta que empezaron a parar coches y la gente compraba y compraba tomates y mas tomates, zanahorias y más zanahorias.

Hasta tubo que plantar mas y mas tomates y mas y mas zanahorias para poder atender a todos sus clientes, en menos de un mes había juntado un dinero para poder construirse su casa y así lo hizo, tal como figuraba en el suelo, tal y como se lo había imaginado, y como la había dibujado, construyó una casa con dos habitaciones, salón, baño y cocina para el solo, su sueño se había cumplido.

A los pocos meses...

Al borde del camino, había un cartel luminoso con una flecha que indicaba en grande y en muchos colores “Venta de Tomates y Zanahorias El Pobre”, y desde ahí se podía ver una casa humilde preparada para la venta de hortalizas tras la cual se situaba un enorme huerto en el que crecían siempre frescas aquellas zanahorias y tomates que tantas alegrías habían aportado a nuestro amigo ya no tan pobre.

Un día pasó por allí un señor, que tras franquear la puerta de la tienda le dijo.

“Buenos días amigo, ¿te acuerdas de mi?”

“Si claro… tu eres... Tu eres, si, eres tu aquel hombre que en la ciudad me dio el papel y el bolígrafo y…. ¿Qué haces aquí?, ¿Cómo me has encontrado?”

“Casualidad, pues nada, me alegro que te haya ido bien, veo que utilizaste inteligentemente el papel que te di, pero… si no me equivoco solo utilizaste la mitad de ese papel, así pues que he venido a que me des la otra mitad, pues se trata de un papel muy importante y es posible que pueda ayudar a otra persona que lo necesite.”

“De ninguna manera, ese papel es mió y no te lo voy a devolver, ya que tu me lo regalaste y es mió y nadie mas lo va a usar por mi, gracias a ese papel ya no soy pobre y puedo comer todos los días y no te lo voy a dar así como así.”

“¿Estas seguro de que no quieres ayudar a otras personas que lo necesiten?”

“Te he dicho que no, fuera de mi tienda, fuera, fuera”

Aquel señor se marchó con un aire de decepción y tristeza.

Nuestro amigo el pobre, ya no tan pobre, llegó al final del día con una muy buena recaudación, había vendido más tomates y zanahorias que nunca.

“Que bien, mañana iré a comprarme ese coche que he visto por la televisión, tan grande, tan bonito, tan lujoso… así que nada, a dormir que mañana veré cumplido otro de mis sueños.”

A la mañana siguiente despertó, y lo hizo a diez metros del camino, en el suelo, sin tomates, sin zanahorias, sin tienda ni casa, sin coche.

“Pero… pero, que ha pasado, pero si lo tenia todo, pero, nooooooooooooooo, nooooooooooooo.”

El pobre estaba seguro de que no lo había soñado, de que todo aquello le había pasado durante los últimos meses, pero, … miro su bolsillo derecho y vio el papel con el que se había lanzado el primer día al camino, y en su bolsillo izquierdo estaba la otra mitad del papel, el trozo que le sobró y el mismo que aquel individuo le había reclamado para si. Lo abrió y comprobó que había escritas unas palabras…

Este papel es mió, a nadie se lo he de entregar y pido se rompan todos mis sueños si me niego a otros a ayudar.


Santiago Ramírez Cruz

18/10/2010


La Araña de siete patas


Sus ojos se abrieron al mundo y lo primero que pudieron ver fue su pequeño y diminuto ombligo.

“Pero que pequeño es ese punto” se dijo.

Acto seguido fue descubriendo su cuerpo… “Una, dos , tres, cuatro, cinco, seis , siete patitas tengo, me echare a correr pues.” Dijo la araña que acababa de nacer … y salió corriendo.

Abandonó el nido con la intención de conocer el mundo que le esperaba, pero ella nunca había visto aquello antes , se encontraba en un lugar muy grande y cerrado, había muebles, mesas, camas, sillas, y demás… de repente se encontró con un ser que le detuvo en su carrera y le dijo: “Alto ahí, ¿adonde te crees que vas?”.

Ese ser era muy raro, tenia una cuerpo pequeño del que salían, una,dos tres, cuatro cinco , seis, siete y ocho patas.

“Estoy dando una vuelta por aquí, a ver que descubro, es que acabo de nacer y no conozco nada, ni a nadie… ¿y tu, quien eres?

“Yo soy una araña como tu, aunque creo que tu no eres como yo”

Nuestra amiga la araña recién nacida , se dio cuenta de la diferencia.

“Es verdad, yo tengo siete patas y tu tiene ocho, que suerte tener ocho patas, puedes correr más que yo”

“Así es, jaja, tu con siete patas solo, no podrás llegar muy lejos si algún humano intenta cogerte, no podrás llegar lejos si alguna de las personas que habitan esta casa te intenta aplastar, en cambio yo, ja , me presento en cualquier parte en un periquete… ¿quieres verlo?

La araña de siete patas, se quedó pensativa

“Vale, esta bien, me lo creo, no hace falta que me lo demuestres. Mejor ayudame a descubrir este nuevo mundo, quiero ver como son las cosas de este lugar, los muebles, las camas, subir a los techos bien alto…

“Tranquila, tranquila, mira, mejor que todo eso es que echemos una carrera tu y yo, para que veas la diferencia de tener ocho patas, creo que hasta te voy a tener que dejar ventaja, jaajajaja”

Las arañas se dispusieron para hacer una carrera las dos, y ver las ventajas de tener una pata más y los inconvenientes de ser una pobre araña con siete patas.

Iniciaron la carrera, pero de repente un humano que estaba en la misma habitación que las arañas, se percató de su presencia y fue directamente a la captura de las dos.

La araña de ocho patas corría en primera posición.

“Mira como corro, mira como corro, jajajaja, cuidado que te van a pillar jajaja”

El humano, fue directamente a por la araña que más corría, ya que como la otra era cojita, pensó que podría ir después a por ella, pues sería más fácil de capturar.

De un golpe de periódico, acabó con la araña veloz, mientras que nuestra amiga, la araña de siete patas, aprovechó que se había quedado rezagada, para esconderse y meterse por un agujero y ponerse a salvo de aquel terrible humano que había terminado con la vida de su amiga.

“Vaya, tener siete patas y ser mas lenta me ha salvado la vida… no esta mal”

Se dijo la arañita mientras se refugiaba en un lugar donde vivían muchas arañas igual que ella, muchas arañas que solo tenían siete patas y permanecían ocultas por miedo a que los humanos acabaran con ellas, y por eso vivían más y eran felices en aquel sitio secreto y oculto a las personas.

Santi Ramirez

11/10/2010

Blanco


En esa hoja blanca que tanto miras
se escribirán las palabras que nadie
leerá algún día.

Pues somos canto eterno, sombras
de nuestros infinitos sueños
esclavos románticos
de nuestros pensamientos.

Una persona canta a la luna
sonetos de cuna sin destino
y llora por siempre
al verse perdido.

Alguien ríe sin parar
al borde de la carretera
no sabe por que
no se puede detener.

Por esta hoja que un día abandonó la virginidad
pasarán un día tus ojos
y esperaré callado,
quedo en mi oscuridad.

Santi Ramirez

Ayer


Ayer te miré a los ojos, y descubrí que
el tiempo ha pasado sin darnos cuenta.

Ya no recordamos la ilusión
las llamadas nocturnas y los pensamientos
mutuos
en esa inmensa playa

Ayer te miré a los ojos y dudé... si me querías
sospeché que el amor se había tornado
marrón y espeso

Ya no nos abrazamos sin soltarnos
como en nuestros sueños
en esa calle,
a la puerta de ese beso eterno...

Ayer te miré a los ojos y descubrí
que ya no eras mía
que el amor se rompió
de tanto helarse.


Santi Ramirez

Luz Oscura


Cuando entiendo la luz como
oscuridad distante, te contemplo
por un instante
y vuelvo a enmudecer.

Nunca te he creído fiel a tus rarezas
aunque estas fuesen
destrozos de lluvia
sorda y solitaria.

Déjame ver el silencio
por tan solo un vil momento
y prometo sucederte como ayer
queriéndote, odiándote.

Santi Ramirez


Fuego Fatuo


Son las fatuas cordilleras las que ciegas
me guian a ti.

Caminando en pena
llevo más de tres días
y ya no distingo la comida del viento.

Solo tu amor me arrastra
como fuerza candente desde mi interior.

Santi Ramirez